(continuación)
Con la llegada del otoño de 1995 comenzaron los cambios: Borja nos dijo que se iba a Suecia a estudiar y que tenía intención de coger una excedencia, que abandonaba el grupo por un tiempo; una decisión que después de soidemersol se mostró definitiva, aunque en este disco hay todavía bastante parte de él. Irantzu se marchó a Londres por seis meses y Javier a Madrid a hacer un curso, con lo que en San Sebastián nos quedamos Mikel y yo, ya que Raúl vivía en Bilbao.
Esta diáspora llevó a que ralentizáramos mucho la composición y a que por supuesto no tocáramos en directo, pero sin darnos cuenta fue la base para que cada uno por su cuenta fuera creando las canciones de lo que luego sería un disco completamente diferente.
Hoy en día nos puede parecer algo más normal el hacer algo como lo que teníamos en mente, pero justo en aquella época nadie quería ni oír hablar de presupuestos millonarios para grabar con músicos de verdad. Te decían “¿pero por qué no utilizas un sinte, que es mucho más barato?” A nosotros la verdad es que esos comentarios nos daban igual. Lo que nos importaba era nosotros y lo que nos pasaba. Quizás queríamos hacer algo grandioso y lleno de sentimiento para contrarrestar todo ese dolor e infelicidad que notábamos a nuestro alrededor. Para ello maquinamos en nuestras mentes el hacer un disco que fuera diferente a cualquier cosa que habíamos hecho antes. Queríamos hacer nuestro propio “forever changes” y nadie ni nada nos iba a parar en nuestro empeño. Buscábamos llevar a cabo lo que estaba latente en nuestras cabezas desde hacía tiempo y que poco a poco se había ido autoalimentando, hasta que estalló.
Pedro San Martín
anterior